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lunes, 17 de enero de 2011

Mis vecinas

Una tarde entré a la cocina para usar el microondas. Era uno de esos días de invierno que me encantan: había tenido una sola clase, mi pieza estaba ordenada y calentita, afuera estaba nevando, y el plan para el resto del día era ver tele, comer y procrastinar. Más tarde estaba invitada a una “noche de película” con mis amigas para ver “Tangled”, la nueva versión de Disney de Rapunzel, y una de ellas había prometido hacer galletitas con chips de chocolate.

Volviendo a la cocina, quería usar el microondas para hacer leche con manzana y canela, y mientras esperaba, miraba como unas niñas coreanas cocinaban cantidades industriales de una sopa para nada familiar. La sopa tenía principalmente esos ingredientes que nunca había comido ni visto antes de venir aquí, y que todavía no tengo claro que son. Las saludé, y volví a mi pieza para continuar con mi maratón de “Law & Order: SVU”.

Pasado un rato, escuché que alguien tocaba la puerta, y como se sentían unas voces conversando en coreano, pensé que probablemente se habían equivocado de pieza. Abrí la puerta, y efectivamente, eran las mismas niñas que habían estado cocinando, y con las que creo haber cruzado sólo unos cuantos “hola” de pasada en los casi cuatro meses que llevo viviendo aquí. Tenían un pocillo con sopa y una especie de tortilla típica coreana en un platito de cartón, y me dijeron que eran para mi!!!!! Para mí, que nunca había hablado con ellas!!!! Fue demasiado tierno!! Y la sopa era exquisita! Me alegró el día, y ahora lo único que quiero es tener un poco de tiempo para hacer algo rico y devolver el gesto.

En conclusión, amo a mis vecinas, y la amabilidad de la gente aquí nunca deja de sorprenderme.

sábado, 15 de enero de 2011

Festival!

La universidad nos da la opción de tener una “host family”, una familia japonesa con la que nos juntamos una o dos veces al mes, en la que somos hijos e hijas adoptivos. En el formulario de postulación nos hacen una serie de preguntas: si nos molestan los niños, si importa si la familia fuma o no, etc., y tratan de encontrar la familia que más se ajuste a ti. Mi familia es una pareja joven con un niño exquisito de seis años que se llama Kei (yo le digo Kei-chan). La primera vez que nos juntamos, le enseñé los números en español, y jugamos uno diciendo los números y colores en voz alta. Es impresionante lo rápido que aprenden los niños. Ese día ayudé a mi "host mother" a hacer la comida, lo que se traduce en: vigilé la comida mientras se freía. Comimos tonkatsu y tempura, además de ensalada, sopa de miso, arroz, y un guiso de verduras exquisito. También jugamos un juego de mesa parecido al ludo, pero con monitos, plátanos y pantanos. El domingo pasado nos juntamos por segunda vez para ir a un festival. Primero hicimos una fila para poder rezar en la shrine. Tienes que hacer una serie de movimientos frente al altar, incluyendo reverencias y aplausos, y tirar una moneda a una caja. A mi hermanito se le olvidó tirar la moneda, y se puso triste y enojado, pero lo convencimos de que se saltara la fila y tirara su moneda. Cuando la tiró, rebotó en la caja y cayó al suelo entre los pies de la gente. La mamá tuvo que recogerla, disculpándose repetidas veces, y finalmente mi hermanito le achuntó. Es un tierno. Después me llevaron a un museo de Hakata, el área de la ciudad antigua de Fukuoka. Para almuerzo me fuimos a un local chiquitito pero que estaba lleno, y la comida era exquisita. En el festival las tiendas estaban llenas de máscaras y adornos que traen prosperidad a los negocios. Con Kei comimos frutillas acarameladas, y caminas viendo los distintos puestos de comida, juguetes y artesanías. La fila para entrar al templo era enorme, y como ya habíamos rezado una vez, decidimos no entrar. Cuando terminamos de dar la vuelta, se puso a llover y decidimos volver porque Kei se había enfermado. Él se puso un poco triste porque nos teníamos que separar, pero quedamos en que la próxima vez les voy a mostrar mi pieza, y vamos a cocinar curry juntos.

martes, 11 de enero de 2011

Vacaciones!!: Tokyo

Desde Kyoto tomamos el bus a Tokio, y llegamos a las seis de la mañana. Me bajé en la estación de Tokio, y me dirigí a un restaurant para tomar desayuno. Originalmente había pensado desayunar en el Mc. Donalds o Starbucks, pero después de preguntarle a mil personas, y no encontrarlos jamás (la estación era enorme), decidí comer un desayuno típico japonés: arroz, sopa de miso, salmón y té verde. Como el check in empezaba a las tres, dejé mi maleta en un locker y caminé por la estación un rato, buscando desesperadamente un enchufe al que conectar el cargador de mi cámara. Estaba a punto de entrar a un café y comprar cualquier cosa, cuando descaradamente se me ocurrió preguntarle a una especie de guardia donde habría un enchufe, secretamente esperando que me dijera que la cargaría él. Nuevamente fui salvada por la gentileza japonesa, y me dijo que volviera en 15 minutos. Durante esos 15 minutos, empecé a buscar una tienda en la que comprar algo en retribución, una galleta, un chocolate, etc. Eran las 8.30 a.m., y todo estaba cerrado, hasta que encontré un café y compré una galletita que se veía muy rica. Con mi cámara cargada, y mi lonely planet en la mano, me dediqué a tratar de salir de la estación por la puerta correcta.

Después de más de diez minutos y preguntarle a como tres personas, llegué a donde quería, que tragicómicamente, era la misma puerta por la que había entrado. Los edificios eran enormes, y el cielo estaba azul azul… un día precioso. Caminé despacio, mirando hacia todos lados, por las calles desiertas de Tokio, hasta llegar al parque que rodea al palacio imperial. El palacio no se ve, y a su alrededor hay una especie de foso precioso. Fui bordeando el palacio hasta llegar al parque que está abierto al público. El parque me recordó un poco a los bosques del sur, y cuando llegue a un claro con banquitos, me senté en uno para disfrutar del sol y el silencio (creo que me quedé dormida un rato). Cuando me empezó a dar frío, retomé mi camino hacia Yasukuni Shrine, famosa y polémica por su relación con la segunda guerra mundial.Tenía ganas de ver el museo, pero estaba cerrado por año nuevo.

Para ese entonces ya estaba cansada, así que en vez de caminar como tenía planeado originalmente, tomé el metro hasta Akihabara, el barrio otaku masculino y antiguo barrio electrónico. En todas las estaciones de metro puedes sacar un mapa del metro en japonés e inglés, y aunque el sistema de metro es un poco complicado al principio, después de uno o dos errores me sentía como en Santiago (elevado a mil). Akihabara era uno de los lugares que tenía más ganas de ver, el epicentro de la cultura pop, del manga, anime, cosplay, videojuegos, etc. Cuando llegué allí me encontré con edificios cubiertos de dibujos de anime y Sega, maid cafés, etc. Caminando por la calle me crucé incontables veces con niñas que se veían menores que yo, vestidas de “maid”, que invitaban a los transeúntes a visitarlas en sus cafés. Los edificios empezaron a tener monitos cada vez más perturbadores, y me di cuenta de que akiba no era de mi gusto. Sin darme cuenta, había caminado rápidamente hasta dejar akiba atrás, y como ya era hora de tomar almuerzo, pasé por un Mc. Donalds y comí mientras leía un libro que había comprado en Kyoto.

Cuando ya era hora de hacer el check in, volví a la calle tratando de encontrar una estación de metro, pero antes llegué a un parque precioso, rodeado por una laguna que tenía plantitas y patitos. Cuando por fin encontré el metro, ya eran cerca de las 4.30 p.m. y estaba empezando a oscurecer. Una vez en la estación de Tokio, no encontraba mi locker!!! Y para cuando llegué a la hostal, estaba totalmente oscuro, y me había perdido unas cuantas veces más. Si bien me perdí todo el rato, cada vez fue entretenido, y llegué a lugares preciosos que no hubiera conocido de otra forma.El segundo día lo pasé una amiga japonesa que conocí en chile. Me llevó a mil lugares y comimos comida exquisita. De ahí en adelante las opciones no eran muchas, porque con el año nuevo acercándose, las tiendas y museos fueron cerrando.

La hostal tenía una sola ducha para todo el edificio!! La cocina y los baños estaban bien, pero la escalera de los camarotes no se afirmaba bien, así que cada vez que trepaba a mi cama tenía miedo de caerme. Lo entretenido fue que conocí a gente muy interesante y simpática, con los que celebramos año nuevo en la torre de Tokio. Supongo que era obvio que en la torre de Tokio los extranjeros seríamos mayoría. Llegamos corriendo para presenciar el cambio de año, y apenas dieron las 12 y apareció el “2011”, todos los japoneses se fueron a sus casas a celebrar con sus familias, y quedamos cientos de gaijins tomándonos fotos con los japoneses que se habían disfrazado para la ocasión (amo Japón).

El primero lo volví a pasar con mi amiga japonesa en un mall (uno de los únicos abiertos ese día). Vimos una presentación de tambores, fuimos a ver el edificio de un museo, y finalmente subimos al mirador del piso 53 al atardecer. En el piso siguiente había un museo, y como estaba abierto, entramos. Creo que era arte moderno, y parece que no tengo el espíritu artístico para apreciarlo bien, pero algunas de las estatuas y conceptos me gustaron.

Como akiba había sido decepcionante, fui a ver el barrio otaku femenino, pero no había mucha gente, así que terminé en un mall, y después recorrí el barrio de mi hostal. El último día nuestro tren salía de Tokio a las 2 p.m., por lo que después del check out nos dirigimos directo a la estación. La estación, como mencioné antes, era enorme, y la primera vez había visto unas tiendas que se veían interesantes. Me encontré con el famoso Dean & Deluca, donde compré el mejor pan que he comido en mi vida, y mi almuerzo. Una vez en el tren con mis amigas, disfruté de la vista y una siesta. Viajar en tren es mucho más cómodo que en bus, y lo pasamos muy bien. Esa foto la saqué desde la ventana del tren, ni idea en qué ciudad de Japón.

El viaje fue increíble, y me di cuenta de que me encanta perderme en ciudades gigantes y diferentes.

miércoles, 5 de enero de 2011

Vacaciones!!: Kyoto

Ya de vuelta en Fukuoka, mi pieza y con mi computador con "ñ" y tildes, puedo escribir acerca de mis vacaciones y mi viaje.

Desde Fukuoka partimos cuatro amigas y yo a Kyoto en bus. El bus no tenía baño, pero hacía paradas cada dos o tres horas en servicentros. Llegamos a Kyoto a las 7 de la mañana, y muertas de hambre, casi corrimos al McDonalds. En Japón (quizás en Chile también) el McDonalds tiene un set de desayuno, y un nuevo dulce llamado...chocopie!!! Es demasiado ricoo!!! La masa es de hoja, y el dulce es muy parecido a una empanada de queso. Es triangular, y está relleno de chocolate que, una vez frito el "pie", se derrite. Debo admitir que me he quemado la lengua unas cuantas veces, pero no me importa, vale la pena. El único problema es que parece que comí muchos, porque ya no me apetecen.

Desde la estación, tomamos el metro a nuestra hostal, que fue la más barata que encontramos (1500 yenes por noche). Estaba ubicada cerca de Gion, en una calle que a las 8 am se veía vacía, pero prometedora. La hostal era mucho mejor de lo que esperábamos, con espacios comunes realmente buenos. Los baños, la cocina y el living eran excelentes, pero las piezas no tanto. Las hostales en las que me he quedado tienen piezas grandes, con camarotes. En Seoul, más que camarotes, eran como camas empotradas en la pared, así que si la persona de al lado o abajo se movía, tu ni te dabas cuenta. En esta hostal, los camarotes estaban tan pegados que la primera noche, como buena Chilena que soy, pensé que había un terremoto cuando la persona del camarote de al lado se movió. Pero una vez pasado el susto, es fácil acostumbrarse, y después de unas cuantas noches, ya ni te das cuenta.

Una vez bien instaladas, y con el itinerario del día decidido, tomamos el metro en busca de nuestro primer templo. Después de recorrer tres líneas de metro distintas, y no tener idea de como llegar a donde queríamos, decidimos volver a la primera estación porque habíamos visto un templo que se veía bonito, y además el museo de manga estaba cerca. La pagoda era preciosa, y el museo muuuy entretenido. Como a las 5 ya estaba oscureciendo, y todas estábamos bastante cansadas, así que optamos por volver a la hostal.

El segundo día fue templo-intensivo. Compramos la tarjeta de bus que permite usar los buses ilimitadamente por el día, y empezamos nuestro recorrido. Después de haber visto dos, ya era hora de almuerzo, y pasamos por una calle muy linda que resultó ser Gion, el barrio de las Geishas. Almorzamos en un negocio barato y rico, una especie de comida rápida japonesa (no, no sushi), y seguimos viendo templos. Como me empecé a cansar, decidí separarme del grupo y vagar por mi cuenta. Caminando por un cerrito, pasé por varias tiendas de artesanías y mini shrines, hasta llegar a una grande que habíamos visto desde el bus, pero no habíamos visitado. Esta última desembocaba en Gion, que ahora es una calle comercial llena de tiendas de artesanías y dulces típicos, y aunque no compré nada, me encanta vitrinear y conocer ese lado de la cultura. Creo que en mis vagabundeos vi una Geisha, pero no estoy segura, porque hay mucha gente que paga por vestirse y maquillarse como Geisha por una o dos horas.

Para navidad, la hostal nos hizo una cena gratis, con temaki sushi (sushi que haces con la mano) y takoyaki (descubrí que si tiene vienesas me gusta), queques, etc. Una amiga compró una torta de helado navideña y la comimos mientras jugamos super jenga. No pudimos comprar kentucky porque había que reservarlo con una semana de anticipación, pero la comida de la hostal fue riquísima. En la hostal conocí mucha gente interesante, una belga que estaba dando la vuelta al mundo, una pareja canadiense, etc.

Entre los lugares que visité después están un mercado donde vendían principalmente pescados, y ahí comi mini pulpos enteros, rellenos de huevo de codorniz (en la cabeza!), un centro de artesanías de cinco pisos, y Nara. Nara es la antigua capital imperial, antes de que fuera Kyoto. Tiene templos muy antiguos, Shrines, y... renos. Estos renos son diabólicos, te persiguen y persiguen hasta que no te quedan más galletas. Como a mí no me gustan, no compré galletitas, pero mis amigas sí, y fueron cómicamente perseguidas. Si bien dan un poco de miedo, tienen algunas gracias. Si les haces una reverencia, ellos la devuelven! (no cuando yo la hago...).

Fotos del viaje:

http://www.facebook.com/album.php?aid=281036&id=663203570&l=ff80cd7804

sábado, 18 de diciembre de 2010

Mochi Tsuki!!!!!!

La comida japonesa que comemos en Chile es, obviamente, occidentalizada. Es por eso que cada vez que leía o veía en una película japonesa sus dulces, se me hacía agua la boca... se veían tan ricos e inalcanzables... En las tiendas de provisiones coreanas que hay en patronato compré un paquetito de mochi un día con la Leo, y lo compartimos felices, sintiendo un poco que estábamos en Japón. El mochi es arroz molido con una especie de mortero gigante. Con el se pueden hacer numerosos tipos de dulces tradicionales, generalmente rellenos de anko, un poroto rojo y dulce. Como el mochi en sí no tiene azúcar, se ve también en comidas saladas, sopas, y se puede comer caliente o frío, frito, horneado, etc.

La universidad nos llevó a la ceremonia de Mochi-Tsuki, donde tuvimos la oportunidad de hacer mochi!!!! Lo pasamos demasiado demasiado bien, y aunque yo no me atreví a usar el martillo del mortero, dada mi propensidad a los accidentes, ver a mis compañeros fue más que suficiente para mí. Lo podían hacer de a dos o tres, adquiriendo un ritmo en el proceso, mientras que un tercero humedecía el mochi, y evitaba los martillos. Una vez que el arroz se volvía una masa elástica, lo ponían en una maquinita que lo cortaba en pedacitos relativamente uniformes, aunque en otra mesa, una señora claramente experta en la materia, separaba bolitas de mochi de la masa grande. Después de cortado, nos lo pasaban a nosotros para dejarlos “perfectamente” esféricos, y para que no se pegaran y hacer más fácil su consumo, les espolvoreamos harina de arroz por fuera. También se pueden untar en sésamo, o en algo similar a harina tostada (mi favorito).

Después de hacer el mochi, nos llevaron a el comedor de el centro comunitario, donde nos sirvieron la sopa más rica y llenadora que he comido en mi vida, cocinada por ellos, y los vegetales de las ensaladas habían sido cultivados por ellos también. Mientras comíamos, invitaron a los alumnos y miembros de la comunidad a cantar canciones de su país, o hacer una presentación. Las presentaciones fueron increíbles, coros de japoneses y un baile con sombrilla y kimono. Como soy la única chilena/hispano hablante, no me atreví a salir sola, asi que me uní al grupo de estadounidenses (“americanos”), y cantamos Rodolfo el reno. Gracias a la historia de los mineros, Chile es ahora famoso, y por eso, cada vez que digo que soy chilena, se escucha un “ohhhh!!” seguido de un comentario acerca de lo fantástico del rescate. Antes de irnos, nos regalaron los adornos florales de las mesas, pero no habían suficientes para todas, así que teníamos que pararnos a buscarlo si queríamos uno. Obviamente nadie quería pararse, así que empezaron a llamarnos en la medida en que se acordaban de nuestros nombres, y a la primera que llamaron fue a la niña chilena!!!! Gracias mineros.

Fue un día muy entretenido, y me sentí increíblemente bienvenida.

martes, 7 de diciembre de 2010

Susenji Trip

Como les conté antes, mi universidad nos lleva a paseos donde conocemos un poco más de la cultura japonesa. Esta vez, la visita fue a Susenji shougakkou, un colegio para niños entre 6 y 12 años. Teníamos la opción de ir el lunes en la mañana, o pasar el domingo con la familia de un alumno, hospedarnos en su casa, e ir juntos al colegio al día siguiente. Como mi idea es aprovechar todas las oportunidades que tenga de conocer un poco más, y pasarlo bien, elegí la segunda.

Mientras esperaba a mi familia, estaba un poco nerviosa, porque si no sé bien que hacer en este tipo de situaciones en Chile, menos sé en Japón! Pero por suerte mi familia fue muy acogedora, con dos niñas preciosas de 4 y 7 años. La mamá nos llevó a dar una vuelta en auto por la costa, mientras conversábamos en japonés. Fuimos al supermercado, y compramos los ingredientes para cocinar udon, una típica sopa japonesa que era la comida favorita de las niñas. La menor estaba cansada, así que la tomé en brazos, y desde ahí en adelante, nos volvimos inseparables.

Una vez en el departamento, me sirvieron té, hora en la que se supone entregas un regalo, diciendo: “tsumaranai mono desu” (significa algo así como: un regalo aburrido o trivial). Yo compré un montón de mini snickers y m&m’s para las niñas, y flores para la mamá. No esperaban que supiera que decir, así que se mostraron sorprendidos y encantados cuando lo dije.

Después del té, jugué othello por primera vez con las niñas, y después “ayudé” a la mamá a cocinar, de la misma forma en que suelo “ayudar” a mi tía Kitty a cocinar para navidad (es decir, hice muy poquito, pero me dieron todo el crédito). La comida estuvo exquisita! La hora de dormir de las niñas era las 9, y yo, que estaba agotada, me fui a dormir a las 9 también! Dormimos todos (las niñas, papá, mamá y yo) en futones en una pieza de tatami (esterilla japonesa). En la mañana, caminamos juntas al colegio la mayor y yo, y una vez allí, me asignaron un curso de niños de 7-8 años.

Los niños eran adorables, y muuuy activos. Jugamos juegos en inglés, y la hora de almuerzo fue lo mejor. Los niños se visten de cocineros, y se encargan de traer la comida y servírsela a sus compañeros! No sólo eso, sino que también limpian la sala (de verdad, no como lo hacíamos nosotros en el colegio). En el recreo jugamos dodgeball, y al igual que en mis tiempos en el colegio, me quemaron inmediatamente, y una vez en la orilla, no hice ningún intento por volver al juego. A la hora de volver, los niños me regalaron una tarjeta con origami que hicieron especialmente para mí (son muuuy rápidos! Una niña hizo 3 en el tiempo en que yo hice 1). Si bien terminé exhausta, lo pasé increíble. Los niños japoneses son A.Do.Ra.Bles.

martes, 9 de noviembre de 2010

Sumo O.o

Mi programa de intercambio organiza frecuentemente paseos a templos, termas, y eventos que son considerados una parte fundamental de la cultura japonesa. El programa está especialmente diseñado para que todos los alumnos que quieran, tengan la oportunidad de disfrutar de estos paseos por un precio muy bajo, y en ocasiones, gratis. Es por ello que los lunes no tenemos clases, y los paseos son ese día, o de domingo a lunes si vamos a un lugar más lejos.

El Sumo, como muchos de ustedes saben, es el deporte nacional de Japón. Todo buen estudiante de intercambio debe ir a ver por lo menos un partido durante su estadía en el país. Por lo tanto, a las 7.45 a.m estaba sentada en el bus. Nos pasaron una guía con la historia del sumo, y sus reglas, guía que por supuesto nadie leyó. Creo que todos teníamos sueño y el bus estaba calentito asi que más de alguien se quedó dormido, aunque el viaje fue corto. Una vez que nos bajamos del bus, el profesor nos informó que éramos la generación de JTW (mi programa) más afortunada hasta el momento, ya que ese día iba a asistir al entrenamiento Hakuhō Shō, un famosísimo luchador de sumo.

El lugar donde entrenaban los luchadores era muy frío, porque se supone que entrenar en condiciones difíciles es mejor. Como era una día especial debido al invitado de honor, había muchos periodistas que sacaban fotos y supongo que despúes del entrenamiento lo entrevistarían.

Creo que ver sumo es algo definitivamente impresionante, y ahora tengo el poder de sorprender y ser envidiada por cualquier japonés si le cuento que vi, en vivo y de muy cerca, una pelea de Hakuo Sho.


domingo, 7 de noviembre de 2010

Hot Air Balloon Fiesta!!!

El miércoles la universidad nos llevó a un festival de globos de aire caliente. Era un día feriado y nos vinieron a buscar a las 10.30 a.m. Mentiría si dijera que una pequeña parte de mí no quería que amaneciera nublado y pronosticaran lluvia, para así no tener que levantarme a las 9 de la mañana. Pero el día amaneció perfecto. Con un sol resplandeciente y cielo despejado, partimos.

Después de parar en un servicentro para comprar comida y pasar al baño (bendito starbucks que se encuentra hasta en medio de la nada en Japón), llegamos al festival. Si bien desde el bus el sol se veía amenazadoramente caluroso, más que sol de otoño era sol de invierno. Y como en la mañana el día se veía tan lindo, obvio que llevé menos abrigo del que debía. Una vez allá, vimos como uno a uno los globos eran inflados (y para nuestra sorpresa, desinflados también!). Ya que la carrera de globos estaba programada para las tres, teníamos alrededor de dos horas para pasear por los puestos de comida, juguetes y artesanías varias.

Como despúes de vivir dos meses aquí se empieza a echar de menos la comida familiar, me fui a la segura y elegí gyosas. Entre los favoritos de mis compañeros se encuentran: okomiyaki, takoyaki y yakisoba, ejemplos de comida japonesa que no se encuentra en Chile.

Desde las tres a las cuatro esperamos que empezara la carrera de globos. El frío era tal, que con mis amigas hicimos un círculo de calor humano y la que tenía más frío se ponía al centro. Cuando ya era obvio que no iba a haber carrera alguna (el viento era muy fuerte), nos rendimos, compramos chocolate caliente y nos devolvimos al bus.

Si bien no hubo carrera, tuvimos la oportunidad de ver los globos gigantes, comer comida rica, ver artesanías y disfrutar de bellos paisajes desde el bus.